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lunes, 5 de mayo de 2014

Pero no

Debiste ser tú.

Debiste dejar que te amara y quedarte a mi lado.

Debiste ser aquel cuya llegada yo esperase todas las noches,
con mi sonrisa infinita de amor.

Debiste pensar antes de irte en todas las cosas que te escribiría,
porque tal vez, si lo hubieses pensado, no te hubieses ido.

Debiste cerrar los ojos y dejar que yo te amara.

Debiste dejarme prepararte los postres que más te gustan,
todos y cada uno de mis días sobre la Tierra.

Debiste confiar en que te amaría sin reparo, sin contemplaciones,
dudas o desalientos.

Debiste ser tú quien prometiera amarme por siempre,
y debiste creer que sería yo quien te haría feliz.

Debimos seguir intentando.


Lunes 05 de mayo de 2014

Contradicciones



Te busqué.
Te busqué por todos lados, y hasta en otras personas.

Te busqué y encontré que no querías que te encuentre,
entonces dejé de buscarte.

Dejé de buscarte y te encontré.

Pero yo ya no quería encontrarte.




Domingo 04 de mayo de 2014

martes, 15 de abril de 2014

Facundo

Yo morí un 16 de noviembre de 1894, entre árboles, pasto verde -más verde que sus ojos- y bajo una lluvia ligera.

Sus manos me acariciaban con pasión, con más pasión que otras veces. Recorrían todo mi cuerpo, desnudo y rendido ante él. Sus labios las acompañaban por momentos.

Mis ojos estaban cerrados casi todo el tiempo, sobre todo cuando sus manos me tomaban por el pelo.

Nuestra ropa recorría el camino que nosotros recorrimos para llegar hasta allí, cuando recién empezaba la lluvia. Cuando nada hacía presagiar que me mataría.


Me besó en la mejilla y tomó mi mano. Me pidió que lo acompañara al campo, como lo hacía siempre.

Su esposa no sospechaba nada aún.

Yo tomé su mano también, como lo hacía siempre que él me pedía que lo hiciera. La apreté fuerte y corrí con él hacia el campo.

La lluvia refrescaba nuestros rostros, el verano ya se sentía llegar. Corrí tras él, corrí con él. Él corría huyendo, ahora lo entiendo, pero yo lo perseguí con tanto ahínco que él no lo pudo soportar. Fue como pedirle que me matara.

Cuando por fin sus manos rodearon mi cuello, mis manos rodearon las suyas. Lo miré, y él entendió. Todo fue más rápido de lo que pensé.

---

Volví a nacer el 22 de abril de 1943, sabiéndolo todo, y sabiendo también que él volvería a nacer, unos años después que yo.

Ahora mi nombre es Aurora. El de él, Facundo.

Siempre quise que mi hijo se llamara Facundo.


Martes 07 de enero de 2014

domingo, 13 de abril de 2014

Me miras

Todas las noches suena una piedra contra mi ventana, y me asomo como una real idiota, esperando que seas tú.



Todas las noches lanzas una piedra a mi ventana, y echas a correr como un ladrón, esperando que yo no te haya visto.


Domingo 13 de abril de 2014

viernes, 21 de febrero de 2014

Mírame

Las cosas que no le contabas a nadie
me las contaste a mí.

No disfrazabas tu locura.

Supimos amarnos,
a nuestro modo.
Tú me amaste, lo sé.
Lo sentí.
Y tú sentiste mi amor.

Te lo dije con los ojos.



Viernes 21 de febrero de 2014

jueves, 12 de diciembre de 2013

Veintiséis

Fuiste mío y de nadie. Te amé tantas veces como te odié tantas otras, con ese amor que te lleva a la locura, con ese amor que te lleva al odio.

Te odié como se aman los dementes y te amé como nunca supe amar a nadie más.

Tu cuerpo fue mío. Tu alma, no lo sé. Y me pregunto si existirá la posibilidad de que tú, estúpidamente, tengas la misma duda.

Te recuerdo y vuelvo a amarte, o mejor dicho, vuelvo a amar tu recuerdo, y a esa persona que no fuiste, que mi mente creó mientras yo estaba ocupada amándote y odiándote.

Estaba absorta en ti.

Me quedé por ti. Me perdí en ti. Me perdí en la ilusión del 'nosotros'. Me dejé llevar por tu sonrisa, y por el amor que sé que sentiste, pero que nunca fue realmente para mí, sino para tu propia ilusión.

Aprendí la lección, pero siempre me quedará el sinsabor de querer hacerlo todo de nuevo.

Si tan solo hubiésemos coordinado ilusiones...

Jueves 12 de diciembre de 2013

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Bonita

Bonita,
despertaste y me miraste
directo a los ojos.

Y mis ojos
te miraron
directamente a ti.

No puedo contar
la cantidad
de veces
que mis ojos te miraron
desde que te amo,
y no puedo pensar en
amar otros ojos como
amo a los tuyos.

Tus ojos, bonita.

Son tus ojos
los que me tienen aquí.

Bonita, yo te amo.

Te amo sin sexo
y sin nacionalidad.
Te amo sin condición social,
sin prejuicios
ni argumentos.

Bonita, tú eres todo
lo que siempre quise de ti.


Martes 10 de diciembre de 2013

martes, 3 de diciembre de 2013

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Reloj



Son las diez y veintiocho, y he venido a la sala a escribirte. Nunca mis palabras tardaron tanto en salir, considerando que llegué aquí alrededor de las nueve y treinta. Sin embargo, aquí me tienes, escribiéndote. Y las palabras siguen tardías.

No es lo mismo si no te tengo. No es lo mismo si tú no estás. Pero aquí estoy yo, escribiéndote. Y ya son las diez y treinta y uno.

Por momentos el reloj se detiene, pero la música sigue sonando, así que sé que realmente no es el tiempo el que se ha detenido, sino que has venido a invadir mi mente.

Diez y treinta y seis.

Suena mi canción favorita, que con el tiempo, se volvió tu canción favorita también. Desde entonces dejó de gustarme un poco, y desde que te fuiste me gusta más que nunca. Diez cuarenta, ahora.

Es hora de dormir. No quiero pensarte más, no por hoy. El reloj se hace más lento mientras más te pienso, y yo solo quiero descansar.

Son las diez y veintiocho. El reloj sí se había detenido, y mi página está completamente en blanco.

Martes 19 de noviembre de 2013

lunes, 28 de octubre de 2013

Salto


Yo no sé,
pero te quiero.
Es que has sabido entrar.
Y quedarte.
Y yo quiero saberlo
todo de ti.
Saber qué te inspira,
qué te hace rabiar.
Saberte completo,
saberte mío.

Yo no sé, pero
me haces temblar.
Y querer que te quedes.
Y quererte querer.
Y quererte completo.
Y quererte mío.

Yo no sé...
Me haces amar.


Miércoles 23 de octubre de 2013

miércoles, 23 de octubre de 2013

Otro

Ya no estás.
Has dejado olvidado tu aroma de cigarro
                                               en el auto.
y olvidaste llevarte la carta que te devolví...
Hubiese preferido que olvidaras irte tú.

Desde fuera la gente me mira,
y yo apago la luz que evidencia mi llanto.
Muy pocos saben admirar las lágrimas, pero
               de vez en cuando
                                  alguien te sorprende.

Él me mira diferente. Él me mira,
y no deja de mirarme.
Ni cuando me doy cuenta de su mirada,
ni cuando no puedo dejar de mirarlo
                                          yo a él.

Él me mira y mira mi alma.
y yo no quiero dejar de mirarlo
                                 jamás.

Ya no estás.
Has dejado olvidado tu aroma en el auto,
pero te llevaste contigo tu forma de mirarme,
                        y yo dejé así de mirarte a ti.

Y él...
Él no deja de mirarme.

Martes 15 de octubre de 2013

martes, 23 de julio de 2013

Basta imaginar

Abro los ojos y ahí estás tú. Realmente no estás ahí, pero estás.

Me hablas en mi mente, y me parece gracioso lo que me dices. Me río. Acomodas mi cabello detrás de mi oreja y me das un pequeño beso. Pegamos nuestros cuerpos aún más. Hace frío, así que me abrazas, abrigándome.

Eres muy tierno en mis sueños.

Te abrazo también, y me dices que nunca me dejarás libre. Debe ser que yo no quiero dejarte a ti.




Pasan las horas, y siento que podríamos estar así por siempre. (¿Qué es "por siempre"?) Me dices "'Por siempre'... 'Por siempre' no es suficiente..."

Para mí es suficiente tenerte junto a mí, aunque no estés junto a mí, aunque tenerte sea imaginarte, y que me hables signifique soñar.

Para mí es suficiente no tenerte.


Domingo 14 de julio de 2013

miércoles, 22 de mayo de 2013

-

Lo que yo quiero es que seamos tú y que seamos yo, pero nunca que seamos nosotros.

¿Es tan difícil de entender?

miércoles, 27 de febrero de 2013

Adiós

Me he dado cuenta de que, conforme pasan los días (o bueno, las noches), ya no soy tan insomne. Y esa ha de ser una mala noticia para ti, mi querido acompañante nocturno, puesto que es en las noches en que no puedo dormir cuando te escribo con mis mejores palabras.

Me extrañarás, lo sé, pero yo no te extrañaré tanto a ti. Ya no necesito decirte tanto. Sin embargo, tú seguirás necesitando leerme. Qué pena por ti, estancado en la esperanza de una lectura nocturna. Qué pena por mí, que dejaré de escribirte cuando solo sé escribirte mejor. Pero qué alegría al mismo tiempo: esto solo puede significar que te estoy olvidando.

Fuerte palabra, 'olvido', y sé que te duele leerla en mi mente. Pero la verdad es esa: te estoy olvidando, y dejaré de escribirte. Apenas termine con esta carta.

¿Cómo termino esta carta, mi adorado y entrañable compañero de tinieblas? ¿Con qué cara enfrento que debo dejarte y dejar una parte de mí en estas letras?

Tal vez solo necesite decirte adiós. No me gusta decir "adiós", porque es una palabra definitiva. Pero lo que necesito ahora es poder ser definitiva.

Así que te digo adiós, mi alguna vez amado compañero de vida... Hasta la próxima carta.



Miércoles 27 de febrero de 2013

miércoles, 6 de febrero de 2013

Catarsis

Hoy es un día vacío. Uno de esos días en los que solo quiero escribir y leer y releer lo que escribo, corrigiendo una y otra vez cada línea, hasta que pierden sentido y siento que debo empezar de nuevo, así que releo una vez más, y todo vuelve a tener razón. Hoy es uno de esos días.

Nunca me gustó tomar café cuando escribo, y lo escribo porque es de esos clichés que tiene la gente, y que seguramente cumplen muchos escritores (o personas que escriben). Pero no yo. Yo prefiero solo escribir. Página en blanco y un lapicero, o una pluma, si me siento muy elegante, inspirada... o victoriana. Aunque debo confesar que, a veces, una barra de chocolate es bien recibida.

Menciono lo del café porque pensé, mientras escribía esto, qué podría mejorar la sensación que me da trasladar la punta de este lapicero de un espacio a otro en este mismo pedazo de papel, formando frases sin sentido. Y creo que la respuesta es "nada".

La respuesta es "nada".

Hace días no me sentía tan bien como en este momento, y me doy cuenta de que no es necesario escribir sobre un tema en específico para hacer catarsis. Escribir nunca me ayudó tanto como hoy. Papel y lapicero. Eso es todo lo que necesité para sentirme mejor.

Ahora, necesito mi cama. Y una almohada.

Sábado 2 de febrero de 2013

jueves, 20 de octubre de 2011

Primera vez


Mi primer beso fue cuando yo aún estaba en el nido. No fue un beso apasionado, ni fue un beso per sé, pero fue mi 'primer beso'. Un beso de mentiritas. No tengo idea de qué edad tenía, porque no sé qué edad se tiene cuando se está en el nido, pero tenía la edad que se tiene cuando se está en el nido.

Luego me enteré que a mi archirrival de esa época también le gustaba 'mi hombre', y no tenía reparos en demostrarlo, la muy casquivana… Así que un día la tomé por las trenzas y la arrastré por el suelo. Lloró. Nunca me arrepentí de eso.

A los nueve años tuve la oportunidad de tener mi primer beso de verdad. Recuerdo que era una noche especial en mi colegio, iba a haber una actuación, o algo así. Mi enamorado de esa época -con quien aún no me había besado- me había dicho que esa noche nos besaríamos por primera vez. Sí, viví en una época en la que los enamorados te notificaban con anticipación sobre este tipo de acontecimientos. Y no, no soy vieja.


No pude ir esa noche, mi abuelo se enfermó. Recuerdo haber renegado y llorado mucho, porque me parecía inconcebible que porque mi abuelo se enfermara, yo tuviese que perder la oportunidad de 'chapar' por primera vez. Y en las escaleras del cole, todavía. Me molesté un poco más al enterarme que mi chico me llevó una Barbie y un ramo de flores esa noche. Me quedé con las ganas de la Barbie. Y del ramo de flores. Y del 'chape'.

Al ir creciendo entendí que eso fue una reverenda estupidez, no solo por el tema del beso, sino porque en ese momento no había comprendido en toda su magnitud el significado del cáncer, que era por lo que mi abuelito había enfermado. Nunca más renegué por eso.

Más tarde ese año, tuve otro enamorado, con quien tampoco me había besado porque, en realidad, no nos hablábamos. Cosas de niños. Me imagino ahora, con 25 años, con un chico con quien no me hablo. Aunque ahora que lo pienso, podría funcionar… No, no, puede no hablarme, pero definitivamente tiene que besarme. Y besarme rico.

Con el chico en mención me besé en varias oportunidades después, no de chicos, sino ya de grandes. Y hablábamos. Poco, pero hablábamos. Digamos que hablábamos lo necesario para dar pie al festival de besos de cada encuentro.
La relación terminó de la misma forma como empezó: por medio de una carta. Decidí que ya era suficiente. Con ya diez años, un historial de tres novios, ¿y ningún beso-beso? No, no era posible. Así que salí en busca de mi primer beso.

Ya tenía diez años, y para colmo de males, aún no había desarrollado del todo. Traducción, no me daban bola. Por lo menos, no los chicos que quería que me dieran bola. Un día salí con una amiga unos años mayor (ella tenía 15, y a mi edad de ese momento, era mi role model). Nos fuimos a 'veletear', como decía mi abuelita cuando no quería usar la frase 'buscar hombres'.

En un parque cerca a mi casa conocimos a unos chicos de unos catorce años. Unos "hombres", para mí. Uno de ellos me encantó, tenía unos ojitos divinos y una sonrisa pícara que si hoy en día veo en un chico, voy y lo beso en una.

Conversamos y conversamos. Recuerdo que me había puesto unas ballerinas rojas que me compraron por mi cumpleaños, y me encantaban. Él hizo una broma y se burló de ellas. Mi corazón de niña-de-diez-años-en-busca-de-su-primer-beso se rompió, y solo me quedé callada.



Unos diez minutos después, les dije que ya me tenía que ir, y él dijo que me acompañaría. Caminamos juntos y él hablaba mucho. Yo, en realidad, no lo escuchaba, solo pensaba que era un idiota por haberse burlado de mis zapatos. Después de dos largas cuadras de oírlo a lo lejos, me sujetó la mano y me volteó el rostro. Me miró a los ojos y me dijo que me quería besar. Yo le respondí que yo no quería porque él se había burlado de mis zapatos. Él sonrió. Luego se acercó y me clavó un beso.

Al recordarlo ahora, me parece un tanto tierno cómo sucedió todo, pero lo que recuerdo con más claridad es cómo odié ese beso. Fue un beso apurado, torpe, seco… y corto. Nada de lo que había imaginado, un engaño total de los pocos capítulos de telenovela que he visto en mi vida, una ofensa a las películas de los años 50. Puro bluff.

Ya no recuerdo el nombre de ese chico. Pero si por casualidades de la vida me lees, chico de ojitos divinos, sonrisa pícara y besos odiosos; y te reconoces en este texto, disculpa por herir tu manhood, pero espero que sirva para que –si no lo has hecho ya- mejores tus métodos.

A mis –actualmente- 25 años (¿ven que no soy vieja?), puedo decir que he recibido muchos besos, y a pesar del trauma de mi primer-primer beso, siempre preferiré los primeros besos, esos que están llenos de nervios, de mariposas, o de alcohol, pero que siempre están llenos de algo.

Algunos de mis primeros besos han sido buenísimos; otros, espectaculares. Pero afortunadamente ninguno ha bajado de esta categoría.

Supongo que es una forma de la vida de 'recompensarme'.

Jueves 20 de octubre de 2011

Imágenes:

sábado, 15 de octubre de 2011

Hilos


Siempre he creído que uno va por el mundo dejando una especie de estela, como si tejiera su camino. Siempre he visto a las personas con esta suerte de hilo detrás de ellas, haciendo del mundo una enorme madeja.

Cuando camino, me preocupo por el rastro que voy dejando, y me pregunto si alguien, en algún momento y/o lugar de la vida, lo seguirá.

Si algo tengo por seguro es que esos hilos se cruzan con miles, millones de hilos más. A veces, creamos nudos indestructibles; otras veces, nos enredamos de más. Algunas otras, tejemos historias realmente fabulosas, pero hay ocasiones en que terminamos atándonos del cuello hasta casi llegar a asfixiarnos.

Felizmente, en mi vida, en mi tejido, siempre que me encontré en una situación así, llegó alguien que me hizo descoser un poco de tela, y me hizo empezar de nuevo, formando un bordado de felicidad.

Viernes 11 de febrero de 2011